viernes, 30 de julio de 2010

Puntos a considerar para evaluar el desempeño de la Asamblea Legislativa

En el programa de este viernes 30 de julio abordaremos el tema: “Diagnóstico del trabajo y rendimiento de la Asamblea Legislativa en la actualidad”. Como un preámbulo es importante recordar los datos más relevantes proporcionados por la encuesta realizada por el IUDOP en Mayo de 2010 referente a la evaluación del primer año de gobierno de Mauricio Funes, Asamblea Legislativa y Alcaldías, en lo que corresponde a la opinión pública sobre el trabajo desempeñado por la Asamblea Legislativa durante su primer año de trabajo.

Al preguntarle a la muestra encuestada cómo evalúa (en ese momento) el trabajo de la Asamblea Legislativa (diputados) durante el primer año de trabajo, el 47.1% calificó su trabajo como bueno, el 27% como malo, el 13.5% como regular, 5.4% como muy malo, 4.8% como muy bueno y 2.1% no sabía o no respondió.

51.3% de la muestra encuestada por el IUDOP en Mayo de 2010 respondió que (en ese momento) sí cree que la Asamblea Legislativa está trabajando por resolver los grandes problemas del país. Mientras el 47.4% de la muestra piensa que no. El 1.3% no sabía o no respondió.

En cuanto a la valoración sobre la evolución de la situación del país con la labor de la Asamblea Legislativa, se encontraron resultados muy interesantes: 34.6% considera que la situación del país ha mejorado y, el mismo porcentaje opina que ha empeorado. El 30.8% opina que sigue igual. Estos resultados muestran que no hay una sola opinión predominante sino que hay tres bloques de opinión bastante parejos.

Por otro lado, la encuesta muestra que el 33.7% de la muestra piensa que el diputado representa a su partido cuando vota en la Asamblea. 29.8% respondió que el diputado representa a su propia persona (intereses individuales). 17.8% dijo creer que a toda la población. 16.3% que a la gente que votó por él. El 2.4% no sabía o no respondió. Si sumamos los primeros dos porcentajes obtenemos que el 63.5% de la muestra no piensa (entonces) que los diputados voten en la Asamblea representando los intereses de toda la población o al menos los de la gente que votó por él.

Otro dato muy importante que proporcionó la encuesta es que el 38% de la muestra encuestada manifestó sentirse nada beneficiado con las leyes aprobadas en el primer año de la Asamblea Legislativa electa en 2009. El 34.7% manifestó sentirse poco beneficiada. El 17.9% dijo que algo. Y solo el 9.4% dijo que mucho. Como puede verse (hasta la fecha de la encuesta) casi tres cuartas partes de la muestra se sienten nada o poco beneficiada con las leyes aprobadas. Esto lleva a que nos preguntemos qué tan eficaz es el trabajo de los diputados. De qué sirve la cantidad si no resuelve las necesidades de la población.

En una escala de 0 a 10, en donde 0 es la peor nota y 10 la mejor, respecto al desempeño de la Asamblea en este primer año, la nota promedio obtenida por la encuesta fue de 5.91 (con una desviación típica de 2.33). Eso significa que para la muestra encuestada la Asamblea tiene mucho por mejorar en su desempeño.

Los principales retos de la Asamblea Legislativo señalados fueron: crear leyes que favorezcan a la población, con 25.2% de aprobación –en primer lugar-; lograr acuerdos entre partidos, con 21.3% de aprobación –en segundo lugar-; tomar decisiones para enfrentar la crisis económica, con 20.9% de aprobación –en tercer lugar-. Erradicar la corrupción en la Asamblea presentó el 13.6% de apoyo; llegar a un acuerdo para gobernar al país, el 8.3%; crear leyes que promuevan el desarrollo del país, el 7.5%; otros, el 1.7% y, no respondió o no sabía el 1.5%. Sin duda, la ineficacia de las leyes es un factor que resalta al evaluar el trabajo de la Asamblea y, los intereses partidarios e individuales destacan como talón de Aquiles.

Otra información que es muy importante tomar en cuenta es que el 42.3% de los encuestados piensan que sus intereses están siendo poco representados por la Asamblea Legislativa; 27.7% considera que no están siendo representados; 23.3% cree algo y, solo 6.7% consideran que mucho. Si sumamos los primeros dos porcentajes podemos observar que el 70% de los encuestados inclina la balanza al lado negativo al opinar que sus intereses están siendo poco (principalmente) o nada representados por la actual Asamblea. Si extrapoláramos esta tendencia a toda la población salvadoreña deberíamos preocuparnos por una crisis de democratización de una de las estructuras políticas más fundamentales de nuestra democracia. Pues es la representatividad de la voluntad de la mayoría de los salvadoreños sino de toda la población lo que buscamos al elegir a nuestros legisladores y, en quién podremos confiar el rumbo de nuestro país si no es en nuestros “legítimos” representantes.

Como último dato interesante a considerar está la calificación de los partidos políticos que más se han destacado por su trabajo en la Asamblea Legislativa. El indiscutible vencedor es el FMLN, ya que el 42.5% de los encuestados le da su aprobación. Su rival más próximo es ARENA con el 15.2% de aprobación –con más de 25 puntos de diferencia-. Pero la segunda opinión que más predomina es que ninguno destacada por su labor.

En conclusión los resultados parecieran ser -en parte- contradictorios puesto que aunque casi la mitad (47.1%) de los encuestados opinaron que el trabajo de la Asamblea durante el primer y año fue bueno y, que poco más de la mitad (51.3%) cree que la Asamblea está trabajando por resolver los grandes problemas del país, por otro lado, poco más de tres quintos (63.5%) de los encuestados piensan que los diputados velan por los intereses partidarios e individuales a la hora de votar en la Asamblea; en mayor proporción se apoya la poca eficacia de las leyes, lo cual, además, aparece como el principal reto para los diputados; y casi tres cuartos de los encuestados encuentran poca o nula representatividad de sus intereses en la Asamblea. Todo esto puede indicar que se mantiene una esperanza en las obligaciones del Órgano Legislativo, pero que predomina la desconfianza en su proceder actual.

Después de casi tres meses de esta encuesta realizada por el IUDOP hay más trabajo que evaluar de la Asamblea: leyes aprobadas, pendientes, vetadas y, que ni siquiera comienzan a discutirse. Ante los grandes problemas de seguridad y economía que enfrenta la población también son grandes las expectativas de resolución. Por ello es indispensable escudriñar el trabajo de los que deben dar respuesta a nuestras grandes problemáticas.

viernes, 23 de julio de 2010

Acerca del ordenamiento del centro histórico de San Salvador

Está es una problemática que no ocupa presentación para ningún capitalino y, quizás, tampoco para ningún salvadoreño que tenga algún contacto con los medios. Un problema que se ha venido complicando entre más y más tiempo pasa, pero, ¿qué es en sí el problema?

Se puede resumir en: el caos, tan emblemático, de nuestro querido centro se debe, en parte, a que está atestado de vendedores, que se han tomado aceras e incluso parte de las calles; sumándole ciertas actitudes arraigadas en la idiosincracia salvadoreña, como botar basura en cualquier lado, se genera desorden en el centro de la ciudad capital; lugar que en otros países sirve de “ejemplo” de lo mejor del país. De ahí los problemas de tráfico, el descontento de lo transeúntes y de los ciudadanos y los intentos de la alcaldía para remediarlo.

Pero esta visión es bastante reducida, pues no es meramente la voluntad de los vendedores de usurpar las calles y aceras, si no que obedece a la búsqueda de trabajo para subsistir: las opciones no son grandes ni satisfacen en nuestro país y la gente, en buen salvadoreño, se “rebusca”.

Esta es la visión más propagada por los medios de comunicación, una visión maniqueísta de Alcaldes versus Vendedores en las que el “malo” es siempre el que desea el medio. Sin embargo, está visión también es reducida porque el problema va más allá de eso.

Se ha dejado de lado el problema del diseño de la ciudad. San Salvador pareciera no tener ningún diseño y más bien se ha ido construyendo a medida que va creciendo la ciudad. No se han hecho estudios ni se ha planificado la construcción: la viabilidad, los suelos adecuados, el funcionamiento de las vías de comunicación terrestre.

Los hechos que hacen constatar está realidad van desde la tragedia de la colonia “Las Colinas” por los terremotos de 2001 hasta tener una calle llamada “la sexta décima”.

El inadecuado uso del espacio urbano por parte del comercio informal es un problema que afecta no solo al centro de San Salvador sino a diferentes áreas de las municipalidades urbanas (como Santa Tecla y Soyapango) y también a otros municipios del interior del país. Sin embargo, el caso del centro capitalino es el más emblemático, por razones bastante obvias que convierten el conflicto en asunto de gestión política no solo a nivel del gobierno municipal sino también a nivel del gobierno central. Así lo han solicitado los vendedores informales del centro capitalino en Casa Presidencial a raíz de los desalojos de ventas que ha autorizado el alcalde Norman Quijano como parte de su plan de reordenamiento del centro capitalino.

La interrelación de diferentes variables como la factibilidad espacial, acciones institucionales (municipales y del gobierno central), variables económicas, sociales (el caso de los vendedores) y culturales -las cuales complejizan la problemática- hacen que sea indispensable evaluar propuestas integrales que sobre todo no perjudiquen a los comerciantes informales, pues son los derechos humanos de ellos los que se encuentran más vulnerables de ser violentados en medio de la pugna entre los diferentes sectores involucrados en el conflicto.

Esta visión alternativa también hace pensar en la postura del procurador para la Defensa de los Derechos Humanos: Oscar Luna, ante los disturbios ocurridos en el centro capitalino el mes pasado, con motivo del desalojo de los vendedores de sus áreas de venta; no favorece al desarrollo humano del país el tener “una ciudad bonita a costa del uso excesivo de la fuerza”. “Es necesario un verdadero Plan de Reordenamiento de la Ciudad, para que sea discutido por los sectores concernientes y se llegue a un acuerdo”.

El grado de complejidad de esta problemática es muy alto y no parece haber una solución sencilla, por eso, cada quién debe formarse su opinión frente a las posibles soluciones presentadas para verlas de forma crítica y no dejarse llevar por fórmulas mágicas.

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